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Contar cuentos, un excelente ritual familiar

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Creo que el contar cuentos, narrar historias, inventar hechos… no deja de ser sino una tradición, un ritual en el cual los adultos narran oralmente historias a niños/as y no tan niños/as con la finalidad de entretener. Estos adultos no pretenden enseñar con lo que hacen y sin embargo, enseñan y lo que dicen cala, cala tan hondo que, cuando el niño se convierte en adulto, recuerda claramente lo que su padre, madre o abuelo/a contaba, podría incluso reproducir gran parte de las historias que le contaron y es más, recuerda el lugar en el que los cuentos fluían, las horas aproximadas a las que las historias eran contadas y lo mejor, una sonrisa brota en la cara de quien recuerda. A eso se le llama “recuerdo feliz”. Esta sensación provoca que el niño, ahora adulto, quiera perpetuar el ritual que su padre o madre creó junto a él, el vínculo alrededor del cuento, de la lectura, de las historias, de la imaginación que sus padres crearon, el cual, le ha acompañado a él o ella durante mucho tiempo y el que en este momento de su vida, él o ella quiere crear con sus hijos, ahora niños.

Lo que contamos a los niños/as les llega, les cala, les empapa, les involucra, les hace partícipes, les hace sentirse protagonistas, ser y estar en el centro del mundo. Por eso, cuando se trata de contar cuentos siempre quieren más, pero más de lo mismo.

Si contar cuentos se convierte en un ritual nocturno, previo a irnos a la cama, entre unos padres, abuelos o familia cercana y su/sus hijos o niños/as desde que son bien pequeños, estamos afianzando los lazos afectivos de nuestra familia. Estamos creando y fomentando momentos íntimos con nuestros pequeños, solo nuestros y de nadie más. Por ello, es importante que los cuentos se cuenten, no se lean, nos equivoquemos adrede en la narración para que los peques puedan corregirnos -porque contamos el mismo cuento, noche sí, noche también-, que el niño sea protagonista o aparezca en algún momento de la historia. Para ello, podemos mezclar personajes reales y ficticios, entrelazar historias, coger trozos de varios cuentos, inventar o cambiar los finales, crearlos conjuntamente entre padres e hijos y un sinfín de elementos más que iréis descubriendo conforme practiquéis el contar cuentos con vuestros hijos.

Y recordad, no es tan importante el cuento que narremos, sino el cómo lo contemos.

Un abrazo y feliz día del libro infantil y juvenil.

P.D. Hoy es un buen día para comenzar con este ritual. Prueba de contar un cuento esta noche y si quieres, mañana me dejas un comentario comentando qué tal ha ido😉

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