Un blog sobre ética y didáctica en las Nuevas Tecnologías


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Día Internacional de la Familia

Quienes me conocen saben que soy una defensora de la familia como contexto de crianza, educativo y de crecimiento a todos los niveles. Y los que no me conocéis, pronto vais a saberlo. Así que un día tan señalado como hoy, no he querido pasar por alto hablar de algo tan importante para mí.

En primero de educación social averigüé cuánto me fascinaban las asignaturas en que se trabajaban aspectos y conocimientos relacionados con la familia y cuando terminé la carrera, hice un máster sobre intervención y mediación familiar, porque tenía claro que el campo en el que quería trabajar estaría estrechamente vinculado a al contexto familiar. Después la vida te lleva por donde ella quiere, pero el conocimiento aprendido y mi defensa de la familia como contexto educativo siguen igual de vivos en mí hoy, que cuando estaba en primero de carrera.

Para mí, la familia es la institución que más poder del bueno ejerce sobre cada uno de sus miembros, independientemente de su forma. Con ello digo claramente, que para mí, toda familia es aquella formada por uno o más progenitores, sean hombres o mujeres y sus hijos/as. Coincido además con la definición que la teoría sistémica entiende por familia: “Conjunto estructurado de personas en interacción”. Y es que en una familia, lo realmente valioso es la relación entre los miembros de la misma, independientemente de su estructura.

Desde que nacemos hasta que nos morimos estamos vinculados a una determinada familia. Primero con relaciones más dependientes y luego un poco más independientes, pero si el vínculo existente es positivo, la familia puede aportarnos en la búsqueda de la esencia de la vida: crianza, apego, educación, valores, modos de vida, tradiciones, rituales, modelos de parentalidad… con los que, conforme vamos creciendo, decidimos cuáles reproduciremos y cuales desecharemos en nuestra futura y posible parentalidad.

Me gustan las familias unidas, que se quieren, que hacen cosas juntas, que creen en el concepto de familia y educan a sus hijos/as en él.

Mi familia es una de esas. Como sabéis, me fui a hacer el camino de Santiago y estando en Astorga, cenando tranquilamente en un bar, entraron todos en fila, uno detrás de otro. Vinieron a verme, a acompañarme en mi camino y eso me sorprendió, emocionó y agradó a partes iguales. Una pequeña locura familiar que recordaré siempre.

Mi familia

Parte de mi familia en Astorga (León). Visita sorpresa durante Mi Camino de Santiago.

No quería acabar este post sin hacer un llamamiento a la reflexión sobre el verdadero papel de la educación familiar. A mi entender, la educación es 100% familiar y la enseñanza, la compartimos los padres con la escuela y otras instituciones y contextos con los que tenemos algún tipo de relación. A ser padre o madre se aprende, pero una vez se es padre o madre, es para toda la vida. No hay separaciones, divorcios o devoluciones, solo existe el amor verdadero y el intentar criar a nuestros hijos como mejor sepamos y aprendamos.

Creo que la familia no está desapareciendo ni extinguiéndose, sino que se adapta a la sociedad en la que estamos inmersos igual que lo hacemos nosotros/as. Y lo más importante, debe seguir fortaleciéndose en su esencia y su verdadero ser: amar, criar y educar. Esa es la fuerza real y poderosa de la familia.

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Los hábitos de estudio hoy les serán muy útiles mañana

En eduación formal, la de toda la vida, los niños/as acaban de volver a su rutina. Han empezado el segundo trimestre, con su horario escolar delimitado y el extraescolar bastante definido también.

Los padres y madres sois conocedores de la evolución formativa de vuestros hijos a lo largo del primer trimestre y ahora toca ponerse de nuevo las pilas con los peques para estar a su lado y afrontar este segundo trimestre, que, aún no siendo el definitivo, es clave. Es el momento para que los niños/as refuercen aquellas áreas y competencias que tienen más flojas y/o salgan aún más fortalecidos en las que van bien, pues siempre pueden aprender más sobre ellas.

A estas alturas del curso,  las asignaturas que vuestros hijos están cursando están claras, los contenidos a trabajar están delimitados, y también lo están los objetivos generales a los que llegar en cada asignatura según el curso escolar en el que estén inmersos los niños/as.

Existen una serie de elementos en los que como padres podemos colaborar con nuestros hijos.  Se trata de aspectos que ayudan a mejorar su implicación en la realización de las tareas escolares del día a día.  Es por ello que, os invito a poner en marcha los siguientes propósitos -o a mantenerlos si en vuestras casas ya se llevan a cabo-.

Dedicar un tiempo específico para hacer los deberes. Los niños a partir de 7, 8 años deben dedicar un rato de la tarde al estudio, dependiendo del volumen de trabajo. Una hora es un tiempo ideal para realizar los deberes o si no los hubiese, para repasar los contenidos trabajados en la escuela.

El tiempo dedicado al estudio se decide dialogando, pues cada niño tiene un horario escolar específico dependiendo del centro al que vaya, unas determinadas actividades extraescolares y una hora para ir a la cama, entonces, entre todas las actividades de la tarde debe encontrarse y acordarse una hora para repasar el trabajo de la escuela, mejor si suele ser la misma cada día, aunque sé que esto es difícil.

Si al día siguiente hay examen se dedica más tiempo y se repasa la materia de examen con nuestros hijos. Un equipo padre/hijo es fundamental para que el niño interiorice la materia, sienta seguridad y afronte el examen con tranquilidad y aplomo al día siguiente.

Imprescindible disponer de un lugar de estudio fijo. No importa si es en su habitación, en una zona común pero habilitada para ello o en el despacho de los papás, pero los niños/as necesitan tener un lugar de referencia que invite al estudio o a realizar actividades creativas -estudien música, hagan manualidades, preparen teatro…-

Crear ambiente de estudio en el lugar habilitado para ello. El lugar de estudio debe invitar a estudiar, así que entre padres e hijos podemos currarnos una decoración chula, chula, como esta:

Compartir el mismo espacio que nuestros hijos mientras hacen sus deberes leyendo un libro o revista, refuerza la capacidad de ponerse a la tarea, pues ven que sus padres también están aplicados en una tarea similar y se pueden ver reflejados en él/ella. Además de que esto permitirá que nos pidan consejo o nos hagan preguntas con mayor facilidad que si andamos por otro espacio de la casa, pues por no molestarnos, pueden dejarse uno o varios ejercicios en blanco.

El lugar de estudio debe estar ordenado al llegar y debe recogerse al terminar. Así, siempre invitará a sentarse en él directamente, sin tener que recoger antes de hacer los deberes, sino después.

Y aquí va un espacio genial, que lo integra todo: zona de estudio, zona de juegos y zona de descanso, donde los peques de la casa lo tienen todo a su disposición. Toda una gozada, eso sí, para casas un poquito grandes, jeje.

Esto que propongo no es nada nuevo y es muy sencillo de realizar, solo hay que dedicar un poco de tiempo en ver cómo queremos hacerlo en casa o revisar si lo que ya hacemos se asemeja. Crear hábitos de estudio es muy positivo para nuestros hijos, pues al final acaban haciendo de forma automática los deberes, su estudio o sus tareas extraescolares siempre en el mismo sitio y de una manera más o menos ordenada. Además de aprender a dedicar un tiempo específico a una tarea concreta.

Recordad, a mayor edad, mayor volumen de trabajo, por tanto, mayor tiempo de dedicación para ello. Si desde peques, les creamos un hábito de estudio positivo, facilitaremos mucho su tarea de estudio diaria y la potenciaremos.